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Sociedad Odontológica La Plata (SOLP)

El porqué de una lucha

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Dardo Pereira

Presidente de la Sociedad Odontológica La Plata

La dinámica de la historia marcada por la teoría hegeliana de la dialéctica del TAS, hija remota de aquella celebre teoría de Heráclito de la guerra de los opuestos, nos trae siempre a nuevas versiones de una historia que no es otra cosa que una línea dinámica y convulsionada, que se hace, mientras se está haciendo.
Es por eso que, bajando al escenario de nuestra patria, vamos a realizar una ajustada síntesis de la economía actual y ahí se pude observar que está claro que, a pesar de algunos éxitos muy evidentes, como el equilibrio fiscal, la baja de la inflación, el orden en las cuentas públicas, el cambio de rumbo de la economía ha dejado un saldo bastante dispar, con ganadores y perdedores no siempre en proporciones similares.
Toda aquella actividad que tiene que ver con la minería, el gas, el petróleo y la actividad agropecuaria se encuentra entre los grandes triunfadores de este ciclo.
Pero no todo es un lecho de rosas, ya que no sucede lo mismo con los pobladores de las grandes urbes, donde se concentra la mayor parte de la actividad manufacturera, en rubros como el textil, el calzado, la indumentaria, la industria automotriz, entre otros tantos, que frente al avance de la apertura comercial en principio son los grandes derrotados del ciclo económico.
Algunos números nos van a dar más claridad en el análisis. Entre noviembre de 2023 y el primer trimestre de 2026, Argentina registró el cierre de unas 26.448 empresas empleadoras, de las cuales el 98 por ciento eran pymes y solo el 2 por ciento grandes empresas. Esto implico la pérdida de casi 370.000 puestos de trabajo registrados. Paralelamente, la tasa de desempleo nacional se ubicó en el 7,8%, con un aumento de la informalidad laboral hasta el 44,2%. En buen romance podemos decir que casi la mitad de la población trabaja “en negro”, ya sea como cuentapropistas o como empleos temporarios en servicios de transporte de personas.
El INDEC reportó que el desempleo afecta al 7,8% de la población activa (cerca de 1,7 millones de personas), una cifra que se mantiene relativamente estable, pero que esconde un deterioro en la calidad del empleo. Una creciente informalidad laboral hace trepar la cifra del trabajo no registrado al 44,2%, el nivel más alto en 9 años. Esto quiere decir una disminución evidente de los aportantes a la seguridad social.
Entre 2023 y principios de 2026 se destruyeron más de 339.000 empleos asalariados registrados en unidades productivas. Según el Sistema de Riesgos del Trabajo (SRT), el país pasó de 512.357 empleadores registrados en noviembre de 2023 a 485.909.
La industria manufacturera ha sido una de las más afectadas, perdiendo cerca de 80.000 empleos desde 2023. La industria opera con fuerte capacidad ociosa, utilizando apenas el 59,9% de su capacidad instalada (con picos bajos en el sector automotriz y textil).
Todos estos datos sirven para analizar algo que nos afecta a todos los profesionales de la salud y que de alguna manera contribuye a visualizar la otra parte del problema.
El nudo central del análisis presenta un país que se está reconvirtiendo y en esa reconversión van quedando en las grandes ciudades, una enorme cantidad de personas sin posibilidades ciertas de acceder a trabajos dignos y bien remunerados, consolidando con esto la pobreza y la indigencia, incorporando como consecuencia el aumento de aspectos que tienen que ver con la marginalidad y el aumento de la delincuencia.
Ojo los números de pobreza e indigencia bajan, pero esto no quiere decir que sea un salto ascendente hacia la clase media, por el contrario, la pobreza se va haciendo estructural al menos en esta etapa.
Además, se ha producido un quiebre muy grande en el sector profesional prestador de la seguridad social, que se ha marchado del sistema en busca de una rentabilidad, que la seguridad social hoy por hoy, no se lo garantiza.
La falta de actualización en las prestaciones, los aranceles bajos, los débitos inconcebibles y el apego a un individualismo exagerado, signo patognomónico de estos nuevos tiempos, los cuales conjuntamente con el “sálvese quien pueda”, generaron esta diáspora hacia la atención estrictamente privada y el pago “cash”.
Esta nueva escenografía profesional tiene mucho que ver con el quiebre de las grandes utopías del siglo pasado, dejando un saldo muy difícil de sobrellevar para las instituciones y para los prestadores y obviamente para los afiliados a las obras sociales, los primeros y más graves perdedores en todo este lio.
Todos ellos afiliados, prestadores e instituciones que se aferraron y apostaron a la seguridad social, algo que no se debe perder, ni olvidar, y mucho menos dejar de luchar por ella, porque es como perder aquellos trascendentes logros que hicieron de la Argentina un país diferente al resto de la región.
Solo se debe recordar los tiempos idos con un ascenso social promisorio, una mejora en la calidad de vida que era envidia de otras naciones, las migraciones de otros países hacia nuestra patria, además del aumento de la expectativa de vida de la población.
Ese valor, ese logro que se había conseguido, se llama seguridad social, y no es otra cosa que un enorme abrazo a todos los argentinos, una contención para hombres, mujeres y niños, que también se puede describir con los conceptos de equidad e igualdad, para todos los ciudadanos, y es eso precisamente lo que no debe perderse, y por eso se debe luchar, que en el medio de ese largo camino se hayan entrometido un montón de inescrupulosos, sabandijas, y ladrones de un lado o del otro, no nos puede quitar la esperanza que ese es el verdadero camino a recorrer.