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Sociedad Odontológica La Plata (SOLP)

Literatura y reflexiones sobre la profesión

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Dardo Pereira

Presidente de la Sociedad Odontológica La Plata

“El viejo y el mar” es una novela relativamente corta de Ernest Hemingway, tal vez la mejor de sus obras para mi gusto, y una de las mejores de la literatura universal.
La misma le permitió obtener el premio Nobel de literatura. La premiación obtenida la dejó a resguardo en una capilla católica en un pueblito perdido de Cuba, como homenaje a su gente.
La obra relata las desventuras de un viejo pescador de nombre Santiago, quien después de 84 días en alta mar y ya casi exhausto, logra atrapar un gigantesco merlín, una especie de pez espada.
Era el pescado más grande de todos los que había visto en su vida y la gran oportunidad para demostrarle a los chismosos de su pueblo que no estaba acabado, que seguía siendo el mejor pescador de la isla.
Después de tres días de intenso combate y con las escasas fuerzas que aún le quedaban, finalmente logra su cometido, derrotando al gigantesco animal.
Orgulloso de sí mismo y sintiéndose un triunfador en la soledad del océano, emprende el regreso para demostrarle al pueblo que el viejo Santiago continuaba siendo el gran Santiago.
En el camino, varios tiburones que “olfatearon sangre” atacan el gran pez devorándolo. El viejo vuelve a luchar, pero es imposible, son muchos, demasiados, logra matar a uno, pero ataca el otro y así hasta el final. Abatido y apesadumbrado, regresa a casa con el esqueleto del pez, pudiéndose observar que era enorme.
El niño, que siempre estaba con el viejo, sale a su encuentro e intenta consolarlo. Juntos sostienen una charla donde la interpretación del lector determinará cuál será el futuro del viejo Santiago.
Están ahí presentes tanto los deseos de emprender nuevamente los sueños de una lucha titánica, los cuales emergen nítidamente del encuentro, casi en la misma dimensión que la tenebrosa sombra de la muerte.
La lucha dramática de los mortales contra la adversidad está reflejada en la novela, en la conmovedora pelea contra el merlín, en su infortunio, en nunca aflojar, así como la batalla contra los tiburones que devoran al pez.
También está presente el drama de la soledad, de la ausencia y del olvido en el devenir de las personas, especialmente cuando apela a sus recuerdos y a sus frágiles fuerzas para mantenerse vivo, y luchar por sus deseos.
La constancia y la valentía se expresan en la lucha contra un animal que lo triplicaba en tamaño y pese a sus insuficientes fuerzas logra abatirlo. También está el valor de la amistad personificada en la relación con el niño.
Aparece la muerte como un epitafio no querido del enclenque luchador desanimado en su espíritu guerrero, lo que no le impide desear volver a empezar, aunque fuera más un sueño en la fragilidad de su existencia.
Como se ve, la magnífica novela permite exaltar valores imperecederos en muy pocas páginas, los cuales continúan alimentando el espíritu de los seres humanos.
Muchos de ellos son propios de los ingenios sensibles y porque no decirlo se instalaron también en nosotros los odontólogos, debatiéndonos seguramente no como el viejo con su pez, pero muchas veces sintiéndonos solos y faltos de consideración.
Esto muchas veces se pone en evidencia en la falta de reconocimiento de algunos pacientes, no todos gracias a Dios, pero sí en muchos, como si atender por la seguridad social, no implicara todo un titánico esfuerzo por parte nuestra.
En otras ocasiones es el abandono de toda consideración por parte de las mismas obras sociales, a lo que se debe agregar cuando nos toca padecer el silencio y la soledad de nuestras mismas instituciones.
Es más, muchas veces nos da la sensación que nos han tomado casi de rehenes, como si nuestra valoración se limitara absolutamente al cumplimiento obligatorio de la cuota o del aporte mensual, necesario e ineludible para mantenerlas, está claro, pero muchos a esta altura ya comienzan a preguntarse si realmente sirven para algo.
Sobre todo cuando se extravía el rumbo, y avanzan en un sinsentido sobre otras entidades, que en buen romance es avanzar contra sus afiliados con una doble imposición.
Estos excesos en la conducción ya sucedieron, y la respuesta de los matriculados fue contundente. Los pérfidos de OELA no están más en este distrito, su repugnante autoritarismo hizo que fueran expulsados de la región en dos elecciones memorables.
Esperemos que la buena memoria se haga presente, recordando gestos y acciones mutuas de respeto y colaboración.
Está bueno reflexionar y generar consensos entre dirigentes, afiliados, e instituciones, antes de dar pasos equivocados.
Porque seguramente puede suceder que, empujados por la relevancia de resolver problemas muy complejos de alguna entidad, se puede comenzar a transitar por un camino equivocado y de difícil retorno.
Apelar a solucionar esos inconvenientes a costa de los recursos administrativos y económicos de otra, con la que legalmente no tiene nada, absolutamente nada, que ver, no solamente implica un grosero error, sino que además es no entender al sujeto histórico que representan, el momento que vive y encerrarse en una torre de cristal donde la institución, paso a ser más importante que el afiliado que pretenden defender.

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